El día de
ayer (iba a poner hoy, pero ya se me han ido las veinticuatro horas sin apenas
darme cuenta), fui a renovar mi licencia de conducir. Lo que oficialmente le
llaman “canje” Llegué presto con el afán
de deshacerme de mi añoso plástico del tipo C, porque apenas conduzco bien el
triciclo y la verdad es que la patineta me da miedo. Dentro del formulario de
preguntas que te hacen para confirmar los datos me aparecieron dos nuevas interrogaciones:
¿En caso de muerte desea usted donar sus órganos? A lo que inmediatamente
respondí que sí. Mientras que en mi cabeza alcancé a oír: “…pues los que no estén
tan estropeados”. La preguntona, que
tecleaba mis respuestas en su computadora, metralló de nuevo: ¿Toma algún
medicamento? Para hacer tiempo y elegir
el más importante de la lista que tengo en mi haber cotidiano y fungiera para
el caso de la automovileada, le pedí que me repitiera ¿Toma algún medicamento? “Insulina”,
salió contundente de mi boca.
Ya cuándo
tuve en mis manos el preciado documento que me llevó más de una hora obtener
tras largas filas burocráticas. El resultado fue el que verán en la imagen.
Hágame
usted el refabrón cavor. Ah, y si se preguntan porqué el documento tiene un
color rojo chillante en su diseño, la razón es que en Veracruz, todo es rojo…. pero shuu es un secreto a medias tintas…